¿Por qué no puedo dejar de elegir lo que me hace mal?
Patrones repetitivos de conducta disfuncional
¿Conocés a una persona inteligente, que tiene metas y aspiraciones, que es perfectamente capaz de analizar su conducta y determinar qué cosas le convienen y qué cosas no, pero que aun así termina eligiendo una y otra vez situaciones, personas o conductas que le hacen mal? Tal vez vos mismo/a seas esa persona. Si es así, no estás solo/a. La repetición de patrones de conducta disfuncionales es tan común que —aunque no siempre llegue con ese nombre— la podemos considerar como uno de los motivos de consulta más frecuentes en Psicología Clínica. Pero claro, que sea común no implica que no sea frustrante.
¿Por qué pasa esto?
Para responder a esta pregunta, voy a apuntar a integrar las diferentes perspectivas que hay sobre el tema.
Comencemos con la neurociencia
¿Sabías que el cerebro tiende a ser medio perezoso? Sí. Una vez que el cerebro programó una respuesta para determinado tipo de situaciones, siempre va a preferir repetir esa misma respuesta (más info aquí). No lo hace por malo. El cerebro prioriza optimizar nuestra capacidad de funcionar. Te lo explico con un ejemplo: imaginate si cada vez que tuvieras que escribir a mano necesitaras pensar activamente en cada movimiento que hacés y en la forma de cada una de las letras. No sería muy eficiente, ¿verdad? Así que, una vez que el cerebro aprende una forma de escribir, comienza a repetirla sin mucha intervención consciente. Y lo hace incluso si no te gusta tu letra.
¿Sabés qué cosa también se aprende?
Los patrones de conducta
A partir de la primera infancia vamos generando algo que Jeffrey Young —creador de la Terapia de Esquemas— denomina justamente esquemas. Ellos son patrones de pensamiento que moldean nuestras expectativas y la forma en la que actuamos.
Si conectamos esto con lo anterior, podemos decir que , desde la infancia, el cerebro aprende formas de pensar sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre el mundo y después ¡simplemente las aplica sin intervención consciente! ¿Me vas siguiendo con lo que esto implica? Sí. Que tendemos a aplicar los mismos aprendizajes que adquirimos desde la infancia (por ejemplo, nuestro patrón de apego, que es la conexión emocional entre un niño/a y su cuidador) a situaciones y personas a lo largo de nuestra vida, incluso si son disfuncionales.
¿Se pueden cambiar los patrones?
¡Sí! (Como diría Úrsula en la peli de La Sirenita, «eso hagoo, para eso vivo 👀»). Sin embargo, como te imaginarás, no es tan sencillo como simplemente descubrir que no nos gusta el patrón.
Retomemos el ejemplo de la caligrafía: si no te gusta tu letra, claro que la podés cambiar, pero va a requerir atención consciente y práctica constante de la nueva forma de escribir hasta que el cerebro programe ésta como la respuesta automática.
Y entonces, ¿cómo cambiamos patrones de conducta?
El primer paso —como siempre— es darnos cuenta.
Esto va más allá de solo identificar que “siempre me pasa lo mismo”. Implica plantearnos varias preguntas: ¿qué situaciones activan el patrón?, ¿qué emociones lo acompañan?, ¿qué pensamientos aparecen ahí?, ¿qué conductas repito?
La idea es que de a poco vayamos empezando a notar que el patrón mientras ocurre, no solo después.
El segundo paso es entender el sentido del patrón.
Me parece importante enfatizar esto: los patrones no aparecen porque sí. En algún momento, fueron necesarios y fueron la mejor —o la única— manera que teníamos de cumplir una función. Tal vez esa función fuera intentar protegerte (como hablábamos en el post de la catastrofización) , ayudarte a pertenecer, o a evitar el rechazo o a sostener un vínculo importante.
Esa es la razón por la que no suele ser efectivo intentar cambiar nuestra forma de funcionar desde el enojo o la autocrítica. Recién cuando podemos mirar el patrón con comprensión, comprendiendo que tenemos otra opción, es que empieza a haber cambios.
Y eso nos lleva al tercer paso: empezar a elegir conscientemente.
Generalmente, este es el paso más difícil, porque implica salirnos de lo conocido y, para la psique, algo conocido se siente seguro (sí, por más que sea disfuncional). Por eso es difícil poner un límite si antes no lo hacías. Por eso cuesta tolerar una emoción incómoda en vez de actuar de forma impulsiva. Y por eso asusta elegir a una persona o una relación distinta.
Para volver al ejemplo de la caligrafía: escribir diferente se siente forzado al comienzo. No fluye. Lleva esfuerzo. Y lleva atención e intención consciente. Pero con repetición, empieza a volverse más fácil.
¿Cuál es el rol de la terapia en este proceso?
La terapia ayuda, en primer lugar, identificar algunos de nuestros patrones disfuncionales (aunque, en mi experiencia, muchos de los usuarios llegan sabiendo exactamente qué es lo que quieren cambiar)
Entenderle el sentido es más complejo y a veces toma trabajo profundo, explorando experiencias que vienen desde la infancia. Implica reconocer y validar cosas que generalmente dolieron o dieron miedo, por lo que la terapia es un espacio seguro para explorar esta parte. Además, en terapia adquirís herramientas concretas y basadas en la evidencia científica acerca de cómo bajar a la realidad los cambios que buscás hacer.
Por último, hay algo que me parece importante mencionar sí o sí: muchos de los patrones de conducta disfuncional se construyeron en vínculo. Por eso, muchas veces, es el vínculo lo que las transforma. La relación terapéutica sirve para experimentar formas nuevas de relacionarte en un contexto seguro.
Cambiar patrones no suele ser rápido (imaginate que construirlos te tomó AÑOS, es importante saber que lleva su tiempo construir hábitos nuevos). El proceso tampoco es lineal. Vas a notar avances, retrocesos, momentos de claridad y otros en los que parece que el impulso de repetir lo mismo otra vez parece imposible de refrenar. Pero se puede.
No lo veas como tener que hacer un cambio radical, un giro de 180º. Es simplemente como ampliar el abanico de opciones y posibles respuestas que tenés disponibles. Recobrar la autonomía y el poder para elegir diferente.
Eso, para mí, es transformación.
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